Contrato indefinido de apoyo a emprendedores y fomento del empleo de los mayores de 45 años

Una de las características del contrato indefinido de apoyo a los emprendedores (medida estrella de la reforma laboral de 2012) son los incentivos a la contratación de desempleados mayores de 45 años. Se trata de un colectivo calificado como de especial dificultad de inserción laboral en el momento en que concurre en él una situación de paro de larga duración [art. 2 d) Ley de Empleo].

Además de estas bonificaciones de cotización a la Seguridad Social [art. 4.5 b) Ley 3/2012] y beneficios fiscales (art. 37.2 Ley del Impuesto sobre Sociedades) el contrato de apoyo a los emprendedores permite al empresario el que para mi es el mayor incentivo de todos tal y como demostraré a lo largo de esta entrada: el período de prueba de un año de duración «en todo caso» (art. 4.3 Ley 3/2012).

Por los incentivos económicos y por el largo período de prueba se deduce que este contrato tiene una doble finalidad: facilitar el empleo estable y potenciar la iniciativa empresarial de las empresas con menos de 50 trabajadores, exclusivas destinatarias de esta modalidad contractual (art. 4.1 Ley 3/2012). En esta entrada vamos a aportar datos sobre su uso.

La consecuencia más grave para el trabajador de este largo período de prueba es que «el empresario está facultado para extinguir el contrato sin necesidad de formalidad alguna y de especificar el motivo de su decisión (y tampoco puede ser declarado responsable por ello)», (Beltran de Heredia Ruiz, 2012 : 111) Parece pues, un contrato temporal de un año sin sujeción a causa alguna y extinguible por la pura voluntad del empresario. En este caso se ha considerado que «en puridad, no podemos hablar de un período de prueba, porque la configuración normativa está delimitando un negocio jurídico cuya causa excede de los contornos conceptuales de la institución» (Beltran de Heredia Ruiz, 2012 : 110).

Este período de prueba excesivamente largo ha sido declarado constitucional por diversas resoluciones de nuestro Alto Tribunal, destacándose la STC 119/2014, de 16 de julio y la STC 8/2015, de 22 de enero.

Por otra parte, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en su sentencia de 5 de febrero de 2015, C-117/14 (asunto Nisttahuz), se declara incompetente en esta cuestión porque sostiene que el Derecho de la Unión nada dice sobre el período de prueba. No obstante, tanto la doctrina judicial como la científica, consideran que el período de prueba de un año de duración vulnera:

Más allá del debate sobre el encaje de dicho período de prueba en nuestro ordenamiento jurídico, nos interesa saber si el contrato indefinido de apoyo a los emprendedores está sirviendo para fomentar el empleo de los mayores de 45 años. Y la respuesta no puede ser otra que la negativa.

Desde el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) nos llegan datos optimistas en cuanto al uso de esta modalidad contractual respecto a los mayores de 45 años: han supuesto el 0,72 % de los contratos realizados desde su implantación y su número se ha duplicado desde su inicio, alcanzando una variación positiva del 106,38 % (entre los trabajadores de todas las edades, el incremento ha sido del 67,47 % durante el mismo período de tiempo). En 2015, los mayores de 45 años constituyeron la cuarta parte de este tipo de contratos registrados y suponen el rango de edad donde más incidencia ha tenido este contrato (SEPE, 2016 : 36).

Sin embargo, parece ser que esta información no resulta tan positiva atendiendo a la posibilidad de finalizar este tipo de contratos durante el primer año, pese a que el empresario pierda los incentivos económicos o bien no pueda disfrutarlos si opta por esa extinción. Así, datos del sindicato UGT señalan que, al inicio de la entrada en vigor del contrato indefinido de apoyo a emprendedores, en torno al 85 % de estos nuevos contratos firmados se había empleado sin utilizar los incentivos económicos. Los últimos datos de diciembre de 2015 señalan un porcentaje del 97 %. Desde su inicio, contemplando todo el período, la proporción es del 91,6 %. Estas cifras demuestran que se está extendiendo un uso temporal de este contrato (UGT, 2016 : 20).

Por si fuera poco, el 50,9 % de los contratos indefinidos de apoyo a emprendedores no llega a superar el año de duración (frente a solo un 38 % en la modalidad de contrato indefinido ordinario), un porcentaje que se eleva al 56,9 % cuando no se acogen a bonificaciones. Finalmente, indicar que el informe del SEPE relativo a los mayores de 45 años con los datos del año 2016 guarda silencio respecto a esta modalidad contractual.

Visto lo anterior, podemos concluir que se está utilizando este tipo de contrato indefinido de apoyo a los emprendedores como un contrato temporal de un año de duración y con posibilidad de desistimiento libre por parte del empresario, sin que el hecho de no poder acceder a los incentivos fiscales y de cotización le suponga un inconveniente. Por lo tanto, es el extenso período de prueba y no los incentivos lo que ha aumentado el uso de este contrato por lo que puede decirse que estamos ante el «incentivo por excelencia» de esta modalidad contractual.

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